Un nuevo estudio postula que los AGE de los alimentos desempeñan un papel en el riesgo de Alzheimer

Un nuevo estudio publicado en Journal of Alzheimer’s Disease proporciona pruebas de que la cocción de los alimentos a altas temperaturas incrementa el riesgo de enfermedad de Alzheimer. En este estudio se analizó el contenido de los productos terminales de la glicación avanzada (AGE) en los tipos de alimentación nacional así como los estudios clínicos que comparan y compararon los AGE totales con las tasas de enfermedad de Alzheimer.

Los AGE son un grupo de compuestos que representan combinaciones de glúcidos y proteínas y otras moléculas de gran tamaño. Se pueden formar en el organismo y se dispone de una gran cantidad de bibliografía sobre los AGE y la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, también se forman cuando los alimentos son cocinados a altas temperaturas o que envejecen por un largo periodo como es el caso de los quesos duros. Los AGE aumentan el riesgo de diversas enfermedades crónicas a través de varios mecanismos como una mayor inflamación y un incremento de la lesión oxidativa. También se pueden unir al receptor para los AGE (RAGE). El RAGE transporta proteínas beta amiloides a través de la barrera hematoencefálica y contribuye a la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

Un artículo recién publicado es el primero que estimó el contenido de AGE de dietas de estudios de observación en diversos países, que estimaron el vínculo entre factores alimentarios y el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Para este fin se obtuvieron los valores para AGE de muchos tipos de alimento de un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de Mount Sinai en Nueva York. Cocinaron 549 alimentos con diferentes métodos y determinaron el contenido de AGE del alimento cocinado. Determinaron que cuanto mayor era la temperatura de cocción, tanto mayor era el contenido de AGE. Por ejemplo, 100 g de carne de res tenían 707 kU de AGE pero 100 g de carne de res asada tenían 6071 kU.

“Para utilizar sus hallazgos en nuestro estudio, obtuvimos información de estudios de observación en los cuales se evaluó la dieta utilizando cuestionarios de frecuencias de alimentos o de valores de suministros alimentarios nacionales de la Food and Agriculture Organization de las Naciones Unidas. Luego utilizamos una gama de temperaturas de cocción o métodos para los estudios de observación o una estimación de los métodos de cocción promedio y temperaturas para los datos de suministro de alimentos a nivel nacional”.

En los tipos de alimentaciones nacionales características, observaron que la carne era la que más contribuía a los AGE, y le seguían los aceites vegetales, el queso y el pescado. Los alimentos como cereales y granos, huevos, fruta, legumbres, leche, frutos secos, raíces almidonosas y vegetales por lo general contribuían en poco grado a la cantidad total de AGE de una alimentación, ya sea porque en general se preparaba a temperaturas bajas o porque comprendían porciones más pequeñas de la alimentación.

Según los Dres. Jaime Uribarri y Weijing Cai de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, «Este estudio epidemiológico respalda nuestros hallazgos previos en animales y en seres humanos de un papel importante que desempeñan los AGE de la alimentación en la enfermedad de Alzheimer. Descubrimos que los ratones conservaban una alimentación rica de AGE similar a la alimentación de tipo occidental, tenían altas concentraciones de AGE en sus cerebros junto con depósitos de amiloide-?, un componente de las placas característico de la enfermedad de Alzheimer, en tanto que a la vez presentaban disminuciones de las capacidades cognitivas y motoras. Los ratones a los que se les alimentó con una dieta baja en AGE se mantuvieron libres de estos trastornos. Además, estudios clínicos han demostrado que los sujetos con mayores concentraciones de AGE en la sangre, que a su vez se deben a dietas con alto contenido de AGE, tienen más probabilidades de presentar disfunción cognitiva en el seguimiento».

Los hallazgos apuntan hacia una meta fácilmente alcanzable que podría reducir el riesgo de demencia a través del consumo de alimentos no ricos en AGE, por ejemplo, alimentos que se cocinaron o que se procesaron a bajos grados de calor y en la presencia de más agua, lo que aumenta la importancia no solo de lo que comemos, sino también de cómo preparamos lo que comemos.

Referencias:

Perrone L, Grant WB. Observational and ecological studies of dietary advanced glycation end products in national diets and Alzheimer’s disease incidence and prevalence. Journal of Alzheimer’s Disease, Febrero de 2015 DOI: 10.3233/JAD-140720

 

Fuente: Science Daily

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